AKAROA PENINSULA, S. Island

La península de Akaroa empieza a las afueras de Christchurch y se llega a ella a través de una carretera que cruza lagos, montañas y multitud de bahías hasta llegar a Akaroa, que es el pueblo mas importante y mas o menos el final del camino.
Nosotros esquivamos Christchurch ya que no sabemos muy bien como estará, ya que según nos acercábamos hemos seguido viendo carreteras dañadas y casas a medio derribar.

Cruzamos una zona bordeando un lago y poco antes de llegar a Little River unas ráfagas de algún liquido caen sobre el cristal de la furgo obligándome a poner el parabrisas para limpiar los restos amarillentos que no me dejan ver, al principio pensamos que puede haber sido una bandada de pájaros que se haya puesto de acuerdo para mear. Extraño, no? Bueno pues la explicación real es no se si mas extraña pero si mas asquerosa incluso, no eran “meaos”, era una plaga de miles de mosquitos que volveremos a cruzarnos cuando volvamos y que son insectos, lo descubrimos cuando detectamos a alguno que no ha muerto espachurrado contra la luna de la furgo y se ha quedado enganchado en el retrovisor. Tras este desagradable encuentro seguimos subiendo y bajando, bordeando lenguas de mar o de tierra según se mire, y finalmente llegamos a destino. Nos encontramos un pueblecito muy cuidado y bastante mas vació de lo que esperábamos para un sitio tan turístico.



Según nos estamos instalando en el parque de caravanas junto al centro del pueblo, oímos una sirena que aunque no es nada mas que un simulacro de Tsunami, nos pone un poco nerviosos después de lo pasado la semana anterior, aun y todo damos una vuelta por las calles y comprobamos que al estar fuera de temporada todo esta a medio gas, sin embargo encontramos un sitio muy agradable para cenar que me sirve la hamburguesa mas grande que he visto en mi vida.



A la mañana siguiente volvemos a bajar al pueblo a desayunar en una Pattiserie donde el pedir el desayuno se convierte en un descalabro ya que una dependienta que no habla bien ingles intenta tomarme el pedido y al final acaba cobrándonos algo que no corresponde con nada y sirviéndonos según reclamamos lo que nos falta y por fascículos, un caos. Sorprende encontrarse este tipo de pastelerías en Nueva Zelanda pero Akaroa fue en sus tiempos un asentamiento francés y de aquellos tiempos conservan la costumbre de llamar a sus calles Rues y poner a sus negocios denominaciones en francés.

Nos encontramos un artista callejero que se ofrece a pintarnos dos retratos y accedemos, y la verdad es que nos saca clavados ;D



Cambiamos el camino de vuelta para no repetir y tomamos un camino paralelo pero por las montañas, es algo mas largo pero ofrece unas vistas impresionantes, el día es perfecto, incluso tenemos un poco de sol que hace que en cada parad nos de pereza el volver a montar.



A lo largo del camino hay diferentes bajadas hacia bahías que dan al mar abierto, elegimos una al azar para hacernos una idea, no es que sea preciosa pero es curioso que un mini-pueblo como ese tenga iglesia y escuela. Durante el ultimo tramo de la vuelta nos adelantan constantemente grupos de motos que vuelven hacia la ciudad, parece ser costumbre el aprovechar el fin de semana para hacer pequeñas salidas en moto y esta carretera parece que se haya hecho para ellas.


Volvemos al camino principal y nos dirigimos a Christchurch entrando a través de la costa, dejamos este remanso de paz para entrar un poco en el infierno.

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