TARANAKI REGION & WAITOMO CAVES, N. Island

Todo tiene un limite, y parece que ya hemos llegado a el, la moral por los suelos, cansados y aburridos de la tormenta. Desayunamos en Strafford, un pueblo dedicado enteramente a Shakespeare, sus calles tienen nombres de personajes de sus novelas y en la calle principal hay un edificio con un reloj enorme en el que cuatro veces al día se representan unas escenas de Romeo y Julieta mediante unos muñecos que asoman por las ventanas, y a través de unos altavoces en los soportales se les oye recitar sus textos.

Leemos el periodico y las noticias solo hablan de barcos a la deriva, records de velocidad de vientos, nevadas en la isla sur que incluso han derribado un polideportivo en Invercargill. Aparecen imágenes de corderos muertos por cientos y los ganaderos se dedican a esparcir hierba sobre la nieve para que no mueran mas a la vez que recogen los cadáveres de los que no han sobrevivido.

Aunque estamos a los pies del Monte Taranaki que en todas las guías aparece majestuoso con sus 2518 metros no vemos nada de nada, vamos hacia la costa sin que pare de llover ni un minuto, y aunque la orilla del mar esta espectacularmente bonita con una gama infinita de grises, entre las piedras, el mar y el cielo no podemos disfrutar porque cuando para la lluvia por un minuto todavía queda el viento que no nos deja casi estar de pie y la espuma del mar sale volando como si fueran copos de nieve amarillentos y se meten tierra adentro.

Nos dirigimos a la ciudad mas grande de la zona sin saber que hacer, parar y esperar o seguir para adelante dejando cosas sin visitar, para pensarlo entramos en Puke Ariki, un museo de New Plymouth en el que pasamos un buen rato escondidos de la tormenta, la verdad es que no ésta mal y la exposición temporal que hay dedicada al pintor John McLean (no McLane que se de que pie cojeáis), sus pinturas no es que sean “bonitas” pero si que son interesantes y curiosas.

Salimos con la idea de no esperar ya que no tiene pinta de que vaya a parar en los próximos días. Seguimos hacia el Norte por la carretera de la costa y hacemos noche en Awakino, en un Hotel que hace un par de años había ganado un premio al mas encantador hotel rural, vale, pues a ver como lo explico, aparcamos y en mitad del aparcamiento hay una pick-up con un jabalí en la trasera, destripado para mas señas.

Entro y la recepción es el bar, donde los cazadores descalzos ya que las botas llenas de barro estaban en la entrada beben una cerveza detrás de otra. Cogemos habitación y bueno es curiosa, el aire entra por las grietas de las ventanas, las lamparas no tienen bombillas y hay un enchufe en toda la habitación donde conectar la estufa, las lamparas si estuvieran completas o cualquier cosa que necesites a través de una zapatilla que tiene pinta de empezar a arder en cualquier momento, como no hay mas sitios y no andamos sobrados de gasolina nos quedamos. Salimos a cenar y los cazadores siguen engullendo cervezas y de cada tres palabras dos son fuck, nos miran hacen bromas, me acuerdo del jabalí y miro silbando para otro lado, igual son simpatiquisimos pero la combinación armas y cerveza no me convence nada.

Después de salir pitando al día siguiente decidimos ir a por todas y en vez de ir por la carretera principal tomamos una paralela pero que promete vistas mas interesantes y la verdad es que la disfrutamos bastante, vemos multitud de animales, incluso un par de faisanes salvajes correteando por la carretera y multitud de Pukekos.

También vemos una Marae, edificio religioso y de reunión Maorí en la falda de una montaña con unas vistas espectaculares y una catarata al fondo aunque hay que reconocer que la decoración del templo tampoco desmerece.

En el camino volvemos a encontrarnos desprendimientos, pero ya nos los tomamos con naturalidad, los esquivamos y sin inmutarnos seguimos el camino, ademas llueve menos y ese ya es un motivo de alegría.

Paramos rápidamente en Mangapohue natural Bridge y damos un paseo entre mas lluvia por una grieta entre montañas cruzada por un rió, pero en un único punto se ha formado una estrecha cueva que forma un puente y permite pasar el rió de manera natural, bonito sin mas.

Llegamos a las famosas Waitomo Glowworm Caves y cogemos un tour para visitarlas, se trata del típico recorrido por cuevas viendo estalactitas y estalagmitas en el que te cuentan por milésima vez que tardan cien años en crecer un centímetro, que no se pueden tocar por que se estropean y que si miras una en concreto boca abajo y con los ojos entornados veras que parece un monje franciscano con una espada samurai. Pero lo bueno viene después, nos montamos en una barquita que se mueve a brazo, es decir hay instalados unos cables que cruzan la cueva y el guía va tirando de ellos para mover la barca, lo primero que nos enseña son unos cuantos mosquitos que en estado de larva para alimentarse cuelgan una especie de pequeños hilos viscosos para que otros insectos queden atrapados y así devorarlos, para atraer la atención de estos insectos, la larva lo que hace es brillar de un color verde fosforito increíble, ver unos cuantos es curioso, pero cuando llegamos a la gruta principal pasa a asombroso, miles o cientos de miles o millones cuelgan del techo e iluminan el habitáculo como si fuera una noche estrellada, no se puede hacer ruido porque si se asustan se apagan, así que el silencio junto con el brillo de las larvas crea un ambiente mágico, se que suena cursi pero es así Salimos encantados de la visita y parece que le vamos dando la vuelta a los ultimos y horrorosos días.

Poco antes de incorporarnos a la carretera principal vemos a un par de avestruces gigantescas y cuando salgo a sacarles una foto, una de ellas corre a acercarse a mi, se planta enfrente ahueca las alas y se pone a bailar, no se si para intimidarme o para cortejarme, pero no podemos parar de reír alucinados, corro para un lado y me sigue, para el otro también, cuando al final me alejo se queda con pena, igual si es que me estaba cortejando, pero lo siento, no es mi tipo, demasiado alta.

Al no haber demasiados atractivos en la zona nos dirigimos a Auckland sin hacer ninguna parada mas, la carretera es buena y en unas tres horas ya estamos a las puertas de la ciudad.

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